Reflectores Citadinos: “La Gran Semíramis: Revestida de horror, novedad y efecto moralizante

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Maité Uzal encantó como Semíramis.

La Voz Hispana de Nueva York / 5 de marzo de 2016 – Entrados en un nuevo año es imperioso publicitar lo que había quedado en el tintero.  La clásica tragedia de Cristóbal de Virués, “La gran Semíramis”, resultó ser una de las propuestas que el Programa de Directores Jóvenes Van Lier llevó al tablado de Repertorio Español.

Bajo la dirección del enérgico y perspicaz, Diego Chiri, el texto viruesino cobró esplendor sumando elementos de gran novedad tanto en el vestuario como en la expresividad corpórea y la transmisión del discurso.

Desprendida, la obra teatral, de la tradición renacentista de las postrimerías del siglo XVI, el dramaturgo español, centró su atención sobre la figura de la monarca Semíramis de Asiria.  Provisto de un prólogo y una estructura dividida en jornadas -propia de la época en la que se escribió la obra-, el dramaturgo sacó a la luz un texto rico en comisión de horrendos actos y voces testimoniales.  Podemos afirmar que el prólogo nos ofrece un preámbulo de lo que el autor intenciona y jornadas que, bien, podrían ser consideradas microtragedias o microrrelatos que complementan una unidad dramatúrgica (modernidad en la escritura teatral).  Denominada como “tragedia morata”, “La gran Semíramis” enfrenta al espectador a un inhóspito ambiente monárquico que se debate entre la maldad y la bondad.  El efecto moralizante habita en lo temible de los hechos.

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Alfonso Rey como el monarca Nino.

El director utilizó componentes de la tragedia clásica como las máscaras en la gente del pueblo o coro; sin embargo, supo conjugar lo actual por medio de equilibradas coreografías.  Notable fue ver a los actores tomar posesión de sus personajes por medio de inhalaciones y exhalaciones.  Deducimos que esas acciones permitían animarlos y trasladarlos por la vida que recorría cada acontecimiento de la trama.  También como invitación representacional de lo inanimado que puede cobrar esplendor durante la función teatral.  Valorado de una manera u otra, todo nos remite al trabajo histriónico que funde hasta la biomecánica.  Toda la entrega física de los actores implantó un sentido estético inconfundible en las tablas.  Nos pareció que Chiri hasta robotizaba o tecnologizaba los movimientos de sus intérpretes (en ocasiones).  Las técnicas de combate utilizadas prestaron vigor a las cruentas batallas.  La innovación se convirtió en el fuerte de Chiri y logró atraparnos.

Alfonso Rey en el personaje antagónico de Nino pudo adueñarse de la turbulencia emocional que provocaba en el público.  Su creación despertaba iras, lástima, envidia, sumisión, desgarramiento del ánimo…  ¿No es eso lo que ambiciona un visitador del teatro?  Caló hondamente en los sentidos de los espectadores, pero su mejor aliada fue la voz, esa se desgranaba en tronadas vitales de la escena.  La actriz Maite Uzal en el rol protagónico de Semíramis enfrentó al público con firmeza.  En cada transformación que cada jornada le imponía la recorría triunfante: La Semíramis victimizada e inocente, la Semíramis maquinadora y la Semíramis derrotada o presa de la obsesión.  Sergio Freijo (Zameis Ninias), Christian López Lamelas (Celabo), Paul Montoya (Zopiro / Consejero Troilo), Noelle Mauri (Prólogo / Diosa Fortuna / Consejero Janto), Gerardo Gudiño (Menón / Consejero Creón) y Pablo Andrade (Diarco / Consejero Oristenes) establecieron sus actuaciones con ejemplar empeño.  Todos fueron piezas útiles y necesarias del engranaje para una amena y dedicada presentación.

Fue relevante la indumentaria de los actores diseñada por Yolanda Balañá Mbasa.  Vestuarios transformables que apelaban al futuro o a una corriente ecléctica.  Los maquillajes, también de Balañá Mbasa, estuvieron a tono con el aspecto trágico, fantástico o mitológico que se requería.  Su labor adicionó majestuosidad a la escena.  Cálidos aplausos le otorgamos al resto del equipo técnico: Elena Mohedano (asistente de dirección), Bianca Román (coreógrafa), Leni Méndez (diseño de escenografía), Ben Fraternale (diseño de proyecciones), Eduardo Navas (diseño de iluminación), Haydn Díaz (diseño de sonido), Gabriel García (diseño de sonido), Jason McCloskey (traductor), Edna Lee Figueroa (edición de subtítulos).

“La gran Semíramis” se puede colocar a la vanguardia de otras producciones con sangre nueva.  Es una montaña rusa que nos mantuvo en suspenso y sorpresa de principio a fin.

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