¿El legado del presidente Barack Obama desaparecerá con Trump?

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¿El legado del presidente Obama desaparecerá con Trump?

La Voz Hispana de Nueva York, 21 de enero de 2017 – “Sí, lo hicimos”, dijo orgulloso el presidente Barack Obama al terminar su último discurso presidencial ante un público entregado en Chicago el pasado día 10 de enero. Sus palabras sonaron casi como un desafío. Tras ocho años al frente de la mayor potencia del mundo, el presidente norteamericano deja un país mejor que el que encontró en 2008, cuando la crisis económica mundial hacía temer el colapso de los mercados. Sí, lo hizo. ¿Pero cuánto de su legado prevalecerá con la llegada de Donald Trump?

Es cierto que no todo han sido luces durante su gestión. El presidente Barack Obama deja el cargo con las promesas incumplidas de cerrar Guantánamo y sin haberse podido retirar de Iraq y Afganistán. Salvó al país del colapso económico gracias a inyecciones de capital público e hizo devolver a la banca el dinero que se invirtió en salvarla, pero ninguno de los banqueros responsables de la debacle pisó la cárcel. De hecho, algunos de ellos pasaron a ser sus asesores.

Durante su mandato ha deportado a casi tres millones de inmigrantes, un récord que ningún otro presidente había logrado y que le valió el título de “Deportador en jefe”. Además, su paso por la Casa Blanca será recordado por las polémicas operaciones con drones para eliminar a supuestos terroristas escondidos en países extranjeros. Unas operaciones que nada tuvieron de “quirúrgicas” y que acabaron con la vida de al menos 116 civiles inocentes.

No obstante, pese a las muchas decepciones, el presidente Barack Obama será recordado por muchos como el presidente más progresista de la historia norteamericana desde John Fitzgerald Kennedy.

Durante su mandato, 20 millones de personas han logrado tener acceso a los seguros médicos gracias a la Ley para la Protección de Pacientes y Cuidados de la Salud Asequibles, más conocida como Obamacare. El desempleo ha bajado hasta un residual 5%, cinco millones de inmigrantes sin papeles han sido regularizados, el matrimonio homosexual es ya legal en todos los estados, y el acercamiento con Irán y Cuba ha puesto los cimientos para un futuro más seguro.

En teoría, cualquier presidente que dejara el cargo con esos datos debería estar tranquilo respecto a su legado. Pero no es el caso. Su sucesor, Donald Trump, convirtió en uno de los leitmotiv de su campaña electoral la promesa de acabar con todo lo que Obama había creado.

Todavía no ha se ha sentado en el escritorio del Despacho Oval, pero la mayoría republicana en el Senado ya ha iniciado los primeros movimientos para desmantelar el Obamacare, una de las principales promesas electorales de Trump. No será un desmantelamiento inmediato -dejar sin seguro médico a millones de personas de un día para el otro crearía el caos- ni completo, pero la nueva administración parece decidida.

¿Qué lo substituirá? Pues como viene siendo ya la norma, el presidente electo no ha dado muchas pistas. Lo último que ha dicho es que habrá “seguros para todos” y que su plan, que ya está listo, tendrá un coste más bajo para las arcas públicas. No hay más pistas.

Y pese a que entre la comunidad latina ha sido considerado como el “deportador en jefe”, Obama es también el presidente que impulsó la mayor regularización de indocumentados en tres décadas. Cinco millones de inmigrantes, en su mayoría padres de niños nacidos en territorio norteamericano, obtuvieron papeles. Pero al haber perdido la mayoría en las dos cámaras, Obama tuvo que echar mano de una medida ejecutiva para que la medida saliera adelante, con lo que podría ser revocada por su sucesor.

No le faltarán ganas a Donald Trump, que ha prometido deportar a dos o tres millones de inmigrantes “que hayan cometido crímenes” lo antes posible. Grupos de activistas han advertido sobre la deriva hacia un estado policial, pero parece que el presidente electo lo tiene claro. Incluso ha amenazado con recortar la financiación a aquellas ciudades o condados que se nieguen a cooperar con las autoridades para la detección de inmigrantes.

Pese a que el nuevo presidente ha optado por un enfoque más agresivo tanto en la ejecución como en la oratoria (recordemos que ha prometido construir un muro en la frontera con México), lo cierto es que Obama ya priorizó la deportación de irregulares que hubieran cometido delitos.

Lo que probablemente también cambiarán –y mucho- son las relaciones con Rusia, que bajo el mandato de Obama se habían deteriorado hasta niveles nunca vistos después de la caída de la URSS. Una de las últimas decisiones del presidente saliente fue ordenar duras sanciones contra el país, al que acusó de estar detrás de los ataques de ciberespionaje durante la campaña electoral. Además, ha prorrogado las sanciones que impuso sobre Moscú debido a su intervención en el este de Ucrania y la anexión de la península de Crimen.

El nuevo presidente presume de su buena relación con Vladimir Putin, y aunque al final ha tenido que reconocerlo tras las pruebas que le presentaron los servicios secretos, siempre había negado la implicación rusa en los ciberataques.

Además, ya ha abierto al puerta a levantar las sanciones: “Si te llevas bien con Rusia y si realmente nos están ayudando, ¿Por qué mantener las sanciones si están haciendo cosas muy buenas?”, dijo recientemente en el Wall Street Journal.

Su visión más aislacionista respecto al papel de los Estados Unidos en el mundo y su distanciamiento de la OTAN probablemente conlleve un panorama internacional en el que Rusia se sienta mucho más a gusto.

Quien respirará más tranquilo es el gobierno israelí, que tras ocho años de tensas relaciones entre Obama y Netanyahu siente que sus ‘amigos’ vuelven al Despacho Oval. Tampoco es que el presidente estadounidense rompiera la relación especial entre ambos países, los millones para financiar al ejército israelí no sólo siguieron, si no que se incrementaron. Pero el acuerdo con Irán enfureció a los israelíes, que durante estos ocho años no han tenido en la Casa Blanca a alguien que justificara todos sus actos.

Sólo en el tiempo de descuento, la administración Obama se ha atrevido a elevar el tono contra el gobierno Israelí, y aun así lo hizo indirectamente. Estados Unidos se abstuvo durante la votación de la resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba los asentamientos en territorio ocupado. Hasta entonces siempre había bloqueado la votación.

Y en su última rueda de prensa, el presidente saliente se atrevió a lanzar el siguiente dardo: “[Sin una solución de dos Estados] no veo cómo este asunto puede resolverse de una forma que mantenga a Israel como país judío al mismo tiempo que democrático”.

Nada que ver con lo que se espera que ocurra con Trump, al que Netanyahu define como su “amigo”. Para empezar, el embajador elegido por el nuevo presidente, el abogado David Friedman, no cree en la solución de los dos estados (al contrario que la comunidad internacional) y pretende trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén, un movimiento que podría desatar conflictos en todo el mundo árabe. Además, Trump ha nombrado asesor principal a su yerno Jared Kushner, cuya familia financia los asentamientos en los territorios ocupados de Cisjornadia. Por tanto, no parece que las políticas de la nueva administración vayan a dañar los intereses del gobierno israelí.

Los que sí que tienen que estar preocupados son los iraníes. El acuerdo nuclear -uno de los mayores logros en política internacional de Obama- podría correr peligro. Trump considera que aquel acuerdo para evitar que la República Islámica obtuviera la la bomba atómica fue un “desastre” y ha llegado a decir que su “prioridad número uno” al llegar a la Casa Blanca sería desmantelarlo. No obstante, también ha admitido la dificultad de dar marcha atrás. Además, su intención de virar hacia el aislacionismo, debería tranquilizar a los ayatolás.

Y quizás tenga poco que ver con lo que comúnmente se conoce como legado, pero esta presidencia ha dejado el pabellón muy alto para la siguiente Primera Dama. Tan bien lo ha hecho Michelle Obama, que hay quien la ve como futura candidata a la presidencia. Su carisma y su oratoria rivalizan con las de su marido. Habrá que ver la evolución de Melania Trump, pero por el momento parece que su perfil será bastante más bajo.

Finalmente, acabamos con ocho años en los que el presidente Barack Obama ha deslumbrado al mundo con discursos llenos de fe en el poder de la ciudadanía crear una sociedad más compasiva, en los que apelaba a la importancia de la educación y el conocimiento como arma contra la desigualdad y en los que advertía contra el peligro del cinismo.

Y aunque sus políticas muchas veces no coincidieran con sus palabras, con la llegada de Trump al poder ese discurso, esas ideas, también mueren. Entramos en una era en la que la verdad es moldeable en función de los intereses, en la que se responde a las críticas con ataques personales, no con la razón, y en la que los valores son vistos como una cursilería. O peor, como un estorbo.

FUENTE AP

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La Voz Hispana NY. New York's largest Spanish weekly newspaper. Official Newspaper of the NYC Hispanic Chamber of Commerce.