Stars Wars: la saga de dólares galácticos

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Stars Wars

La Voz Hispana de Nueva York /29 de diciembre de 2015 -El séptimo episodio de la Guerra de las Galaxias (Star Wars) se estrenó el 18 de diciembre de 2015, luego de una premiere especial con casi cuatro mil invitados, que se llevó a cabo en Hollywood en medio de fuertes medidas de seguridad. Este nuevo episodio tiene por título El despertar de la fuerza, y efectivamente se trata de un nuevo despertar para una leyenda del cine de Hollywood que comenzó su paso por la pantalla grande hace casi cuatro décadas. El niño que nació el día del estreno del sexto episodio (El regreso del Jedi) ya cumplió 30 años. La exhibición previa de la noche del 17 de diciembre produjo 57 millones de dólares de taquilla en Estados Unidos, y el estreno internacional desde el miércoles 16 dejó en las arcas del filme un total de 72.7 millones, entre los que se incluye una recaudación histórica en el Reino Unido para un solo día de 14.4 millones.

La Alianza Rebelde se llama ahora la “Resistencia”, y combate los restos del Imperio Galáctico, que también ha cambiado de nombre, al rebautirzarse como la Primera Orden. Surge un guerrero misterioso llamado Kylo Ren, que ha decidido perseguir por toda la galaxia a los enemigos de la Primera Orden. Es, sin dudas, un simpatizante de Sith Darth Vader y de sus acciones cuando fue verdugo militar del Imperio. Pero un guerrero en fuga nombrado Finn se encuentra con Rey, una joven recolectora de chatarra del planeta Jakky. La vida cambiará para los dos, porque ambos, acompañados de un droide llamado BB-8, emprenden un duro viaje en busca del guerrero más poderoso de la galaxia, el maestro de maestros Jedi Luke Skywalker. Ahí despierta la fuerza.

El elenco está integrado por los actores Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac, Andy Serkis y Max von Sydow, y con el regreso también regresan Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Anthony Daniels, Peter Mayhew y Kenny Baker en personajes que ya habían interpretado en los episodios anteriores.

El parto se producirá después de un largo proceso de gestación, que se anunció en octubre de 2012. La compleja filmación en 35 mm. se llevó a cabo en exteriores y estudios de Gran Bretaña, Islandia y los Emiratos Arabes Unidos, entre mayo y noviembre de 2014, con un presupuesto de 200 millones de dólares. El propio George Lucas fue uno de los principales asesores de la productora ejecutiva Kathleen Kennedy.

La cinta Stars Wars está escrita y dirigida por J. J. Abrams en una producción de Lucas Films y Bad Robot que será distribuida por Walt Disney Pictures, con música de John Williams, fotografía de Daniel Mindel y efectos especiales a cargo de Chris Corbould. Tiene una duración de 136 minutos.

El primer título de la saga Star Wars contiene todos los ingredientes que hicieron de la trilogía inicial ese fenómeno de masas virtualmente inabarcable. Los contiene en estado puro. Y se diría en bruto, por lo menos a juzgar por las reiteradas quejas de su director y factótum, George Lucas, en el sentido de no haber contado con los medios técnicos para volcar a pleno sus fantasías sobre la pantalla. No es para tanto. Ya ha sido señalado que la leyenda que instauró Lucas a fines de los 70 –y relanzó con inusitado vigor sobre el filo del milenio– no debe tanto a los efectos especiales como a sus inagotables conexiones con otros mitos y leyendas de la cultura universal.

El mito del héroe, para empezar, aquí está reformulado de tal modo que sin dejar de pulsar cuerdas inmemoriales, básicas (el viaje a través de incontables y aparentemente insalvables obstáculos), transcurre en un terreno enteramente nuevo: a millones de años luz de la Tierra. La consabida frase inicial, que funciona como la campana de largada de cada uno de los capítulos (“Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…”) también sitúa la acción en un tiempo deliberadamente ambiguo. Y original. Es el pasado, se nos dice, pero las ciudades, los medios de transporte y hasta las armas –aunque de un modo algo naïf– expresan una tecnología habitualmente asociada con las conjeturas futuristas. No es aventurado sumar, pues, la Teoría de la Relatividad (que rechaza el concepto de simultaneidad para fenómenos distantes en el espacio) a las muy citadas fuentes nutricias de Stars Wars.

Pero la primera clave está bastante más acá de las complejas elaboraciones einsteinianas. La insondable brecha de tiempo y espacio libera, acaso por primera vez, a un puñado de héroes arquetípicos de las fastidiosas connotaciones que siempre los sobrevuelan. Especialmente en el cine norteamericano, que surgió y creció de la mano de todos esos paladines cuyos oscuros antagonistas expresaban tal o cual prejuicio del inconsciente colectivo: los indios en el Western, como el viet-cong en los films de guerra, son el escollo para el Bien. Luke Skywalker (Mark Hamill), Han Solo (Harrison Ford) y esa especie de hada madrina que es la princesa Leia (Carrie Fisher) encarnan sin duda alguna al Bien. Darth Vader y los personeros del Imperio, al Mal. Pero nadie en sus cabales podría asociar a cualquiera de estos villanos con alguno de los males concretos, tangibles, que acechan al buen ciudadano estadounidense. Esa cualidad espectral, abstracta, del Bien y el Mal encarnado por los contendientes remite a los temores y fantasías de la infancia. Y unifica a la platea, por encima de su nacionalidad y edad, invitándola a involucrarse sin obligarla a pagar el precio de las convenciones socio-políticas dominantes. El convite no podría ser más seductor. Palpitar la batalla contra los villanos desde el bando de los héroes nunca tuvo visos de acto inimputable como en Stars Wars.

Originalmente, la saga de Stars Wars se estrenó a nivel mundial el 25 de mayo de 1977, y se mantuvo como la película más taquillera de todos los tiempos, con 775 millones de dólares, hasta 1982 cuando fue superada por E.T., el extraterrestre, dirigida por Steven Spielberg. Obtuvo seis premios Oscar de un total de 10 nominaciones, entre ellas la de mejor película que perdió frente a Annie Hall, de Woody Allen. En 1989, el Registro Nacional de Cinematografía de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos la colocó en el apartado de “película cultural, estética o históricamente importante”.

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